Testimonio de una matrona y maestra del Reino Unido


Autora: Christine Grabowska

Traducción: Imma Sàrries

Soy comadrona desde 1981 y trabajé durante un período de 3 años en un sistema de parto hospitalario medicalizado, practicando el manejo activo del parto según el protocolo del hospital. Después estuve durante un período de 6 años acompañando aproximadamente 20 partos en casa al año como matrona comunitaria, por lo que también trabajé con el esquema DOMINO (domiciliario IN and OUT). Esto significa que vi mujeres en sus propias casas en trabajo de parto, las trasladé al hospital para el parto y las devolví a su casa dentro de las 6 horas posteriores al parto. Luego me convertí en docente de comadronas y seguí atendiendo partos en casa durante otros 9 años, aunque en menor escala. He tenido el privilegio de mover mi carrera hacia un punto en el que practicar el parto fisiológico ayudando a las mujeres a través de este gran rito de paso.

Durante mi formación como matrona, observé un solo parto fisiológico en casa y, cuando me gradué, practiqué el manejo médico de intervenir en cada parto.

Me gradué creyendo que los bebés debían separarse de la placenta lo más rápidamente posible para que la enorme contracción farmacológica causada por la administración de “sintometrina” (5UI oxitocina y 500mcg ergometrina) no empujara sangre adicional hacia el sistema circulatorio de los bebés y les produjera ictericia. Fui una matrona eficiente que se aseguró de que la administración del fármaco oxitócico con el nacimiento del hombro anterior se cronometró precisamente porque pensé que evitaría una hemorragia posparto. Yo sabía muy poco sobre fisiología en ese momento.

Afortunadamente, continué ampliando mis conocimientos asistiendo a conferencias y leyendo. También tuve el privilegio de pasar tiempo con matronas experimentadas que me enseñaron mucho sobre la práctica.

Sabía por la literatura que era importante que los bebés prematuros recibieran sangre del cordón umbilical y en la década de 1980 se escribieron documentos académicos que sugerían sostener al bebé por debajo del nivel de la placenta y “ordeñar” el cordón para asegurar que el bebé recibiera la sangre del cordón.

Como comadrona comunitaria, las mujeres me pidieron alumbramientos fisiológicos de la placenta. Esto me asustó porque solo tuve la oportunidad de verlo una vez, en comparación con mi práctica habitual del manejo activo del alumbramiento. Le pedí ayuda a mi supervisora, pero no respondió, hasta que finalmente conocí a un médico de cabecera que estaba cómodo con esta práctica; él me lo explicó. Él trabajaba en Devon y yo estaba en el oeste de Londres. Miré vídeos, y finalmente me animé a no hacer nada y a esperar la placenta. Esta fue una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer jamás. Sentí que estaba haciendo algo mal al no hacer nada. Estaba tan preocupada de que las mujeres sufrieran hemorragias y, además, me preocupaba que su salud no solo se viera comprometida, sino que también tendría que responder ante mis colegas médicos por esta práctica cuando nos trasladáramos al hospital.

En cambio, aprendí mucho observando un alumbramiento fisiológico de la placenta en el que la madre no quería que se cortara el cordón hasta que la placenta naciera. Le estoy muy agradecida por esta experiencia. Ella alumbró su placenta con unos pocos gruñidos cuando se arrodilló: el bebé ya había estado acariciando sus senos y oliendo a su madre. Hubo un hermoso contacto visual entre ellos y pude observar el comienzo de la relación. La madre usó todos sus sentidos para conocer a su bebé. Ella lo podía ver y podía escuchar los sonidos que él hacía, podía olerlo mientras lo saboreaba besándole la parte superior de la cabeza, lo sentía acariciando su cuerpo. Sus niveles fisiológicos de oxitocina aumentaron realmente a medida que su útero continuaba contrayéndose. Su pérdida de sangre fue mínima. El bebé estaba alerta con buena flexión y tono muscular. Tardó aproximadamente una hora en llegar al pecho y a las 2 horas estaba listo para dormir.

Esta mujer me informó que su bebé nunca lloró. Esto puede deberse en parte a su fuerte vínculo con él. Ella sabía cuándo estaba a punto de despertarse y estaba alerta para alimentarlo con un muy buen reflejo de eyección. Ella me explico que nunca estuvo enfermo hasta que tuvo 19 meses, con su primer resfriado. Esto se debe a las propiedades anti infecciosas e inmunoglobulina A presente en la leche que recibió hasta entonces… En ese momento ella había decidido dejar de alimentarlo con leche materna.

Esta experiencia me dio el coraje de confiar en la fisiología de las mujeres y, lógicamente, saber que si el trabajo de parto y el nacimiento son fisiológicos ¿por qué el cuerpo de la mujer de repente no funcionaría para el alumbramiento? Esta lógica me sirvió como matrona y me dio confianza, con el incremento de experiencia, en los nacimientos fisiológicos, para observar el proceso en lugar de interferir en el parto. Seguí viendo fuertes relaciones madre-bebé. Se vuelve tan fácil para las madres soportar todas las dificultades de la maternidad cuando están verdaderamente enamoradas de sus bebés…

Dejé los cordones umbilicales unidos a la placenta y solo los pincé cuando la placenta había sido alumbrada y el cordón era delgado y blanco. El bebé tuvo así su transferencia fisiológica de sangre del cordón umbilical. No ordeñé el cordón ni sostuve al bebé por debajo del nivel del abdomen de la madre. La madre siempre sostenía a su propio bebé por encima de su abdomen, aunque el nivel del ombligo estaba aproximadamente al nivel de la placenta hasta que había alumbrado y luego el ombligo del bebé estaba por encima del nivel de la placenta. Los bebés parecían robustos y en buenas condiciones, y algunos de ellos tenían una ictericia fisiológica leve que no requería fototerapia o  exanguinotransfusión. No noté que su ictericia fuera sustancialmente peor que los bebés cuyos cordones se cortaban tan pronto como habían nacido.

Christine Grabowska

Christine Grabowska

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